La supinación del pie (igual que la pronación) hacen parte de una zancada. La supinación ocurre cuando se coloca peso en la parte externa del pie mientras se camina o se corre. Cuando sucede lo contrario, y una persona cambia su peso del talón al antepié, se denomina pronación.

El problema viene cuando las personas volcamos demasiado peso hacia uno u otro lado. Es decir, cuando sacas ese patrón neutral o normal y lo sobrecargas hacia dentro o hacia fuera. Déjanos decirte una cosa: nadie tiene una pisada perfecta. Todos pronamos o supinamos en diferente grado, pero todos lo hacemos. Solo quienes trabajan en tener una pisada neutra (y saludable) educan su sistema nervioso para pisar de ese modo.

Nadie tiene una pisada perfecta. Cada quien prona o supina en diferente grado, pero todos lo hacemos. Solo quienes trabajan en tener una pisada neutra (y saludable) educan su sistema nervioso para pisar de ese modo

La supinación del pie ¿por qué es un problema?

Podrías pensar: si todos lo hacemos ¿por qué es un problema? La supinación y la pronación pueden causar problemas con la alineación del cuerpo y provocar dolor en los pies, las rodillas, las caderas y la espalda.

La pisada es el cimiento de todo el movimiento. Pisar con desviación es como construir un edificio cuya planta baja tenga los pilares doblados hacia dentro (pronación) o vencidos hacia fuera (supinación). Tarde o temprano ese edificio se partirá o habrá que acudir a reparar esos defectos de cimentación para evitar problemas.

En el caso de la pisada, además es un edificio que se moverá, caminará… cambiará el peso de un cimiento a otro de manera alterna repartiendo el peso total todo a un lado, todo a otro, miles de veces… La pisada como ves es un caso de estudio de la mayor importancia.

Si tus pies no pisan de manera alineada, neutral esto significa, repartiendo el peso de forma que la rodilla, tobillo y cadera, tibia, fémur, columna queden en línea en el plano sagital que forman causan daño a todo el conjunto esquelético y articular que soporta tu peso.

Ejemplo sencillo de alinación

Imagina que cargas un niño sentado sobre tus hombros. Ese peso es mucho más llevadero que portar al mismo niño sobre tus brazos. El crío pesa igual en brazos que a hombros. No engorda cuando lo llevas en brazos. Sin embargo, te cansas muchísimo menos sobre los hombros: ¿por qué?

Porque cuando está sobre tus hombros está alineado con tu columna, cadera, fémur, rodillas, tibia, tobillos… todo está en línea vertical. Todo está trabajando en un mismo plano —para el que estamos diseñados— y al no haber ángulos, el momento de fuerza recae en un vector vertical que es perfectamente soportable para el conjunto.

Si ese niño a hombros, se echa para atrás, te hará daño en las lumbares y exigirá un esfuerzo mayor devolverlo a su posición vertical porque crea un momento diferente, un vector de fuerza que está desalineado al conjunto de tu esqueleto y musculatura.

Con la pisada pasa exactamente igual. Si no está alineada para que todo el peso se trabaje en sentido perpendicular al suelo, sino que aparecen ángulos indeseables (por pronación o supinación), aparecerán también vectores de fuerzas dañinos que sobrecargan los huesos, tejidos blandos, agotan la musculatura en un movimiento no natural y erosionan las articulaciones.

Por eso es tan importante que los corredores se sometan a un estudio de la pisada, estén bien informados y actúen de manera coherente para remediar su desviación. No hacerlo, significa convertir cada pisada en un traumatismo. Cada sesión en una tortura para tus articulaciones. Un boleto para las lesiones con premio seguro tarde o temprano.

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